Episcopologio Diocesano
Sucesión apostólica y pastores en el caminar de nuestra Iglesia particular
El episcopologio de la Diócesis de Girardot constituye el testimonio vivo de la sucesión apostólica en nuestra porción del pueblo de Dios. A lo largo de nuestra historia eclesiástica, cada uno de los prelados elegidos por la Santa Sede ha asumido el ministerio pastoral como vicario de Cristo, guiando con sabiduría, fidelidad y celo apostólico a los sacerdotes, religiosos y laicos de la región. Sus magisterios, grabados en el corazón de nuestras comunidades, representan las distintas etapas de crecimiento, estructuración y dinamismo evangelizador de esta Iglesia particular. A continuación, recordamos y honramos la memoria de los obispos que han regido los destinos pastorales de nuestra jurisdicción:
Monseñor Alfredo Rubio Díaz
(29 de mayo de 1956 – 12 de febrero de 1961)
Oriundo de San Juan de Rioseco, el primer obispo en la historia de la Diócesis de Girardot, asumió la monumental tarea de organizar las bases estructurales, administrativas y eclesiales de la nueva jurisdicción eclesiástica. Monseñor Rubio fundó el primer Seminario Menor en Fusagasugá, encomendándoles la formación a los padres vicentinos. En 1958 erige la parroquia del Inmaculado Corazón de María -que más tarde se convertiría en la Catedral de la Diócesis-, y gestionó los recursos para la construcción de las oficinas de la curia.
Monseñor Ciro Alfonso Gómez Serrano
(8 de abril de 1961 – 24 de julio de 1972)
Monseñor Gómez Serrano guió la diócesis durante una de las épocas más transformadoras de la Iglesia universal: el desarrollo del Concilio Vaticano II. Su legado pastoral estuvo marcado por tres aspectos fundamentales: la evangelización, la liturgia y la pastoral social; fomentando una activa participación del laicado y promoviendo con gran fervor las vocaciones locales. Ofreció espacios de encuentro y comunión entre el presbiterio y el episcopado.
Monseñor Jesús María Coronado Caro, S.D.B.
(10 de febrero de 1973 – 30 de julio de 1981)
Fiel a su arraigo e impronta salesiana, el magisterio de Monseñor Coronado Caro se caracterizó por una inmensa sensibilidad hacia la educación y la formación cristiana de la juventud. Es reconocido por la culminación de la obra física y arquitectónica de La Catedral. Durante su periodo episcopal se fortalecieron los procesos de catequesis organizada y se dio solidez espiritual a las estructuras parroquiales del territorio. En su gobierno pastoral se conmemoraron las bodas de plata de la Diócesis; para lo cual se organizó ese año una misión diocesana.
Monseñor Rodrigo Escobar Aristizábal
(21 de mayo de 1982 – 17 de septiembre de 1987)
El gobierno pastoral de Monseñor Escobar Aristizábal estuvo fuertemente orientado a robustecer los lazos de comunión interna dentro del presbiterio y a promover, por primera vez, un Plan de Pastoral que le diera una estructura de evangelización al territorio. Creó las tres vicarías en las cuales se organiza actualmente la Diócesis: la del Alto Magdalena (ahora Girardot), Sumapaz y Tequendama. En este episcopado se firma el decreto que establece el hermoso escudo diocesano, el mismo que conocemos hasta hoy.
Monseñor Jorge Ardila Serrano
(21 de mayo de 1988 – 15 de junio de 2001)
Con un largo y fecundo pontificado de trece años, Monseñor Ardila Serrano marcó un hito en la madurez e institucionalidad de la jurisdicción. Su obra cumbre y legado más significativo fue la edificación y establecimiento del Seminario Mayor Diocesano, que dotó a la Iglesia particular de un centro propio para la formación integral de sus futuros pastores. Durante su gobierno tuvo lugar otro antecedente histórico para la Iglesia local: fueron llamados al episcopado dos sacerdotes hijos de la Diócesis: Monseñor Ismael Rueda Sierra y Monseñor Eulises González Sánchez.
Monseñor Héctor Julio López Hurtado, S.D.B.
(15 de junio de 2001 – 11 de julio de 2018)
El Gobierno de Monseñor López ha sido el más largo y fecundo de esta Iglesia Particular. Su gran aporte metodológico fue dar inicio oficial al Proceso Diocesano de Renovación y Evangelización (PDRE) -hoy PEIP), una estructura orgánica que dinamizó la pastoral sectorial y parroquial, transformando las iglesias locales en auténticas comunidades de fe. En este periodo se celebraron las bodas de oro diocesanas, hecho que sin lugar a dudas marcó un antes y un después en el devenir histórico de esta Iglesia Particular. Su impronta salesiana se tradujo en una profunda huella comunitaria en el ejercicio pastoral. Fue nombrado obispo emérito de la diócesis.
Monseñor Jaime Muñoz Pedroza
(Desde el 11 de julio de 2018)
Actual obispo de nuestra Iglesia particular. Su magisterio ha dado continuidad y evolución a las estructuras previas, liderando la transición orgánica del antiguo PDRE hacia la consolidación definitiva del Plan Evangelizador de la Iglesia Particular (PEIP). Bajo su guía, el PEIP se ha convertido en la hoja de ruta fundamental para responder a los desafíos contemporáneos.
